martes, 17 de julio de 2012

Y a esperar...

Estamos dispuestos, mi madre, yo y mi padre en una diagonal.
Cada uno con un ordenador, cada uno ensimismado en un privado mundo virtual.
Justo como esas piezas de ajedrez que han quedado atrapadas y ociosas en un universo bicolor plano.

No sé qué ha ido mal. A lo mejor siempre ha sido así, pero siento que no les conozco.
Igualmente, mi ignorancia se extiende a todos los seres del universo.
Los años se deshojan poco a poco. Y con ellos parece que se va la capacidad de sonreir sinceramente.

 Irán más veranos justo como éste,

Enlazados en una rutina aburguesada,
entre el sol de mediodía,
sazonado de visitas corvinas,
con el aliento de las noches de catársis soñolienta,
siempre presente el sueño de vivir,
acompañado del deseo de estar muerto,
y todo queda en una pantomima de seres humanos,
que apenas asomamos una mano,
para no dejar ver que el resto del cuerpo sufre en silencio.




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