Arrumba la carbonera,
En una audacia
sempiterna,
En un blablablá blanco,
con un jajajá tuerto,
Y a la de dos, no se
entiende el ritmo,
Y a las tres, no da
más de sí mismo
El refulgente y
trémulo traidor de las variedades,
Asoma su cabeza
cortada,
Porque allá donde el
veneno alcance,
Estará el resto que
me pertenece,
Y el coeficiente que
lo baraje,
Será la única
solución que me dejen.
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