Sea pues y entonces un sujeto A,
acompañado de un, digamos, sujeto B,
A y B caminan juntos, pues, hacia el, por ejemplo, mar.
A, de naturaleza esbozada y simple,
pregunta casi al azar:
- ¿Qué le resulta más agradable A,
estas olas o este parsimonioso caminar?
B, de naturaleza sola e innatamente sabia,
responde casi con automaticidad:
- No se atreva B a preguntar,
que no existe ni mar,
ni parsimonioso caminar,
ni siquiera esa aparentemente evidente agradabilidad.
Pero ya es tarde, pues nada más B acaba,
lo mismo hace su vida,
mientras A se desvanece en un narrativo verso.
Era pues, claro y evidente,
que no sabías que yo, C,
dibujaba su esquemático universo.