A veces imagino el mundo como una máquina.
Los engranajes que componen el mundo son finitos. Cada diente de cada pieza ha sido medido y es igual para cada persona. Y sin embargo, a veces giran tan rápido que dan una vaga sensación de continuidad, y el mundo no parece tan mecánico y estropeado en su vertiginoso movimiento. Parece vivo y libre.
Cuando uno permanece atento y observador mientras todo se agita, comprende que es víctima de una maquinaria que le hace caminar en la dirección que ha sido elegida para él mismo, describiendo en su recorrido una circunferencia con pequeñas montañas y baches. Y entonces es fácil entender que no se es más que una pieza adicional que empuja a las demás y se deja llevar por otras tantas, siendo el origen de la animación misterioso y muerto, encadenado.
Por mucho lirismo que se le aplique, la ciencia es ciencia. Claro que pronto me olvidaré de ello.
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